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Ganó Mujica.

(por Gabriel Romano, 07.12.09)


El 29 pasado el país ingresó en una nueva etapa de su desarrollo institucional. Un tupamaro se transformó en el próximo Presidente de la República. Pero ese asunto no es por sí solo lo que lo transforma en un episodio bisagra en la historia de la democracia uruguaya. Mujica está obsesionado con el desarrollo del campo, con la eliminación de la pobreza y con la generación de conocimiento que permita que el Uruguay dé un salto en calidad en su desarrollo económico y social. Su desparpajo intelectual lo ha llevado a afirmar que su modelo es Nueva Zelanda, y su carencia de ataduras me hacen creer que seguramente hacia ahí va a intentar ir. Otra cosa será si llega o no. Pero seguramente ese tránsito dejará algunas cosas buenas al país. Pero volvamos al principio, ¿por qué creo que Uruguay ingresó en una nueva etapa de su desarrollo democrático?. Mujica no es un político típico de la segunda mitad del siglo pasado y principio del actual. Franco, de pensamiento libre y desprejuiciado; dueño de una oralidad llana, poco académica y por momentos fuera de tono; con pocas ataduras que generen compromisos, salvo con los más débiles; sus ropajes, la chacra, el “pepemóvil”, la forma de comunicarse con la gente, con todos, los más viejos y los más jóvenes, los pobres y los que no lo son, los académicos y el menos leído.
Es un personaje político que transformó ésta elección nacional en una confirmación de la fortaleza de las instituciones en nuestro país, y esa fortaleza la decretó el ciudadano que el domingo fue y votó. Sin miedos, sin prejuicios, y con la certeza de que la democracia en Uruguay no tiene dueños y no es patrimonio de nadie. La democracia está a salvo porque los ciudadanos son sus principales custodios. Todos los ciudadanos.
El 1º de marzo asumirá un presidente sin corbata, con las manos ajadas de trabajar la tierra y la piel curtida por el contacto con el viento y el sol de la cosecha. Será un buen o regular gobierno, pero los uruguayos habremos desterrado definitivamente los fantasmas que algunos han querido hacer germinar en la conciencia ciudadana. El país ya no tiene lugar para esa vieja forma de hacer política. A partir de ahora cada actor político deberá repensarse y transformar su discurso. Una democracia moderna es lo que debemos terminar de construir todos juntos. Mujica dio el puntapié inicial, cambió el fusil por el voto, y le fue mejor.




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